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CHIAPAS  

Kamel y Pablo negocios con dinero público

Fredy Martín Pérez
La maquiladora que Kamel Nacif abrió en Chiapas nunca significó una opción para la economía local. Administraciones estatales y federales le asignaron millonarios recursos. Cuatro años después, la planta cerró, pues al textilero sólo le interesaba abrirse camino para instalar casas de apuestas, evalúan investigadores.

 


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San Cristóbal de las Casas, Chis.- En abril de 2002, el empresario de origen libanés, Kamel Nacif, abrió la primera y única maquiladora en Chiapas. Más que una apuesta por hacer de ésta un negocio rentable o, más aún, crear fuentes de empleo en la rezagada región, como jugador compulsivo, Nacif sólo le apostataba a congraciarse con Vicente Fox, en espera de que el Congreso aprobará el funcionamiento de casinos y pedir una licencia para operarla en Cancún.

En enero pasado Nacif sacó su “inversión” de Chiapas, apenas a unos meses de que terminara la administración del gobernador, amigo de Nacif, Pablo Salazar, quien junto con el entonces presidente Vicente Fox, dio al polémico empresario todas las facilidades para operar en el estado. Sin embargo dejó más de 300 desempleados y un elefante blanco en el terrero en el que Salazar invirtió 10 millones de pesos del erario de los chiapanecos.

En un análisis sobre la participación del empresario en la economía de Chiapas, el investigador y economista Miguel Pickard, del Centro de Investigaciones Políticas y Económicas de Acción Comunitaria (CIEPAC) establece que la textilera que cerró el pasado diez de enero y dejó desempleadas a 300 personas, nunca fue una inversión estrictamente económica para Chiapas, pues Nacif sólo “buscaba favores políticos”.

La inversión del “rey de la mezclilla” en esta entidad era “para congraciarse con Fox y lograr ciertos favores en torno a la legalización del juego; posiblemente una licencia para operar un casino en el hotel de Nacif en Cancún”, dice Pickard en su análisis.Pero en el cierre de la maquiladora también hay un trasfondo y obedece a la legalización de algunos juegos de azar por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y por lo mismo, señala, Nacif ya no encuentra razones para la operación de Trans-Textil International, (TTI) que devino en “Spintex S.A. de C.V.”

“A lo mejor”, Kamel Nacif ya vio que con este gobierno “puede lograr lo que busca sin mantener abierta la maquiladora que respondía a uno de los proyectos preferidos del presidente saliente”, establece Pickard.

El economista recuerda que aunque durante la inauguración de la planta de “Spintex” en San Cristóbal de las Casas, el 11 de abril de 2002, el entonces gobernador aseguraba que la fábrica era una de las “alternativas que durante mucho tiempo soñamos para Chiapas”. Mantenerla abierta perdió sentido para Nacif pues la legalización de los juegos de azar era sólo “cuestión de tiempo”, toda vez que la Suprema Corte de Justicia de la Nación “ya permitió ciertos juegos”.

En Chiapas el empresario tenía en la mira abrir una casa de apuestas en un centro nocturno conocido como “San Remo de las estrellas”, ubicado en la avenida más importante de Tuxtla Gutiérrez, el bulevar Belisario Domínguez, que en los últimos años se ha convertido en exclusiva zona hotelera y comercial.

Desde 2003, Miguel Pickard criticó la instalación de la primera y única maquiladora en Chiapas, al considerar que no era rentable porque se encontraba a 800 kilómetros del centro de finanzas del empresario de origen libanés, y remataba: “No, señor gobernador Salazar, siga soñando, la maquila de exportación no es la alternativa que los chiapanecos deseamos para Chiapas”.

Pickard sabía que la maquiladora que se instaló en San Cristóbal fue con equipo que Nacif había desmontado en Acapulco. “Al fin de cuentas, la apuesta del señor Nacif es un riesgo relativamente menor. Si la apuesta falla, las maquiladoras pueden ser clausuradas y su maquinaria trasferida a otro local sin mayor problema”, predijo.

En Acapulco Nacif cerró las puertas de su maquiladora por “serios conflictos laborales”, cuando los obreros reclamaron mejores condiciones de trabajo. Los empleados se posesionaron de la materia prima y la maquinaria para hacer efectiva la indemnización, pero “para su infortunio todo estaba en nombre de terceros, nada era de la empresa que les adeudaba”, recuerda Pickard.

Pero Kamel Nacif también cerró la planta Tarrant Apparel, en Tlaxcala, y dejó sin empleo a mil 600 personas. Esto ocurrió en diciembre del 2002 y para ese entonces esa maquiladora era una de las 424 del país que habían despedido a los trabajadores desde octubre del 2002, con lo que 250 mil obreros se habían quedado sin empleo.

Por eso, cuando Trans-Textil Internacional se instaló en Chiapas, expuso el investigador, ésta tenía “escaso sentido económico” por su ubicación en un punto “poco estratégico del país”, con “poca infraestructura y personal capacitado”, y lejos del “único” mercado de exportación, los Estados Unidos.

Desde el cierre de “Spintex”, en enero pasado, ningún encargado de la empresa da la cara para explicar los motivos de la decisión de desmontar la planta. En el complejo, sólo tubos y tres máquinas parecidas a lavadoras de ropa, es lo único que queda en los ocho mil 400 metros cuadrados (donde estaba la maquinaria) que Pablo Salazar compró en 10 millones de pesos al dueño de Bodegas Gigante, a cuenta, por supuesto, del erario de Chiapas.

El propio Ayuntamiento de San Cristóbal mandó construir banquetas “por cortesía del alcalde” en los alrededores de la nave industrial (Contralínea Chiapas 16). Y, según reveló el entonces presidente Vicente Fox, su gobierno otorgó por medio del programa de la Secretaria de Desarrollo Social (Sedesol) 17 millones de pesos para la instalación de la maquila.

Ni todos esos “apoyos” hicieron que el textilero mantuviera su planta en San Cristóbal. Desde la rejilla de una de las puertas de acceso, un vigilante explica que no “están los encargados” para explicar por qué se han llevado la maquinaria a Puebla. “Después de las cinco de la tarde vienen los encargados”, dice el que parece ser el único agente de seguridad en el lugar. La maquinaria fue enviada a Puebla, donde, según sus apoderados, el textilero instalará una nueva planta para “abaratar los costos de producción”.

Lo único que queda en la fachada del complejo son las iniciales “KN” de un metro de largo, grabadas en el hormigón en bajo relieve. La razón social “Spintex S.A. de C.V,”, fue quitada.

Miguel Pickard dice que con la supuesta inversión de Nacif en Chiapas, el gobierno sólo daba “atole con el dedo a la ciudadanía”, pero esperaba también que fuera un gancho para que se diera una “estampida de inversionistas hacia el sureste”, pero las expectativas gubernamentales “no tenían fundamento económico”.

“Mi impresión es que quien hizo grandes aspavientos sobre una escuálida inversión fue el gobierno”, explica el investigador.

–¿Cree que el gobierno federal y estatal sólo engañaron a la ciudadanía al decir que con la apertura de Spintex se “repuntaba el desarrollo de Chiapas”?

–Pablo Salazar Mendiguchía dijo textualmente que la inauguración de TTI fue nada menos que "el punto de arranque del desarrollo industrial del estado." Obviamente se trataba de, digámoslo elegantemente, hipérbole.

–¿Debería, el gobierno actual, dar una explicación de lo que sucedió en Spintex?

–Claro, pero no sólo en este caso. Todo el aparato gubernamental necesita de grandes ejercicios de transparencia sobre todo lo que hace, en especial lo que hace con nuestros impuestos. Pero no me hago ilusiones.

Los juicios del impacto negativo de la maquiladora de Nacif en Chiapas, no son exclusivos del CIEPAC, incluso investigadores extranjeros preveían que su impacto en la economía local no sería positivo, lo que habla de la negligencia de las autoridades desde la local y hasta la misma Presidencia de la República, quienes “consintieron” a Kamel Nacif con millonarios recursos de gobierno, que al final no aportaron nada a Chiapas.

Francesco Filippi, un joven universitario italiano llegó a Chiapas en el 2004 para hacer una investigación acerca de las maquiladoras en la entidad. Enfocó su trabajo en la única maquiladora, la de Kamel Nacif. Cuando terminó su investigación retornó a Italia para graduarse. Por su trabajo obtuvo los honores más altos que confiere la Universidad de Estudios de Trieste, por su tesis: “Maquiladoras y los efectos de la integración económica sobre las migraciones internacionales en Centro y Norteamérica”.

En entrevista, Filippi asegura que Spintex nunca significó el desarrollo ni para San Cristóbal ni para el estado entero.

–¿Cree que el gobierno y el empresario Kamel Nacif sólo engañaron al pueblo con la instalación de la maquiladora Spintex?

–Las maquiladoras no son industrias que fomenten el desarrollo. Las maquiladoras son empresas que emplean mucha mano de obra (y en pésimas condiciones) pero no producen manufacturas de grande valor añadido; frecuentemente, la gran mayoría de los insumos son importados, por eso las maquilas dinamizan muy poco el tejido productivo local.

“Se sabía que, a corto plazo, muchas maquilas en México y América Central habrían cerrado o se habrían transferido para el Este Asiático: sea el gobierno, sea Kamel Nacif eran concientes de eso. En conclusión, el gobierno cometió un error de análisis o tomó una decisión no por el deseo de fomentar el desarrollo en el sureste mexicano sino para crear rápidamente efímeros puestos de trabajo, paliativo ineficaz al desempleo pero buena medida para ganar la confianza de la gente. Kamel Nacif consiguió el apoyo del Estado para instalar a un bajo costo una maquiladora, y no dudó en cerrarla una vez que su rentabilidad había sido perjudicada por las dinámicas internacionales; en fin, para él, un buen negocio en gran parte pagada por los mexicanos”, agrega el investigador.

–Comparando la situación de las mujeres que laboran en las maquiladoras de Centroamérica y la de Kamel Nacif, ¿dónde considera que hubo mayor explotación de mano de obra?

–Las condiciones de trabajo en las maquiladoras no difieren sensiblemente de país a país. Aunque algunas maquiladoras constituyen modelos de responsabilidad empresarial y conceden regalías y beneficios a sus trabajadoras, en la mayoría de las maquilas las mujeres sufren discriminación, presión, acoso, violación de derechos elementares (horas extra no pagadas, impuestos y seguridad social no pagados, prohibición de unirse a sindicatos), condiciones de trabajo no dignas.

–¿Realmente las maquiladoras funcionan como "contenedores" para frenar la migración o son más bien, centros de explotación inhumana?

–En zonas donde la dualidad campo-ciudad es fuerte (es el caso del sureste mexicano), las maquilas contribuyen (junto a otros factores, como la crisis del campo) a fomentar la migración del campo a la ciudad y la urbanización. Si la calidad del trabajo en maquila fuera sensiblemente mejor y permitiera a una joven desarrollar su proyecto de vida, tal vez sería diferente. En las condiciones actuales, el pasaje por la maquila hace aún más probable que una joven decida emigrar.

–Cuando usted habló con una de las trabajadoras, ¿pensó que Spintex tronaría a corto plazo?

–Las maquiladoras son una forma de inversión, por definición, muy volátil e inestable. La función de las maquiladoras es responder rápidamente a las necesidades del mercado: producir una enorme cantidad de un determinado producto cuando éste esté de moda en Estados Unidos, moverse a otro país más barato cuando se verifiquen las condiciones para hacerlo. El gobierno era conciente de eso y aun así quiso apostar en una maquila textil. Ahora quien paga las consecuencias son los trabajadores que de un día a otro han perdido su trabajo.

–¿Se justificó la derrama que hizo el gobierno para impulsar algo que realmente nunca funcionó?

–No, el gobierno tomó la decisión errada, haciendo un análisis superficial de cuáles son los aportes de una maquila para el desarrollo local y de cuáles eran las perspectivas de crecimiento de las maquilas textiles en México en una altura de liberalización a nivel mundial del comercio de productos textiles, proceso que se anunciaba que habría llevado a una profunda reducción del sector textil en México.

Discriminación y esclavismo

Margarita Gómez Sántiz además de sufrir la explotación laboral, también sufrió la discriminación “por ser indígena”. Durante cuatro años Margarita llegaba a temprana hora para limpiar las oficinas de los administradores. Cuando se retrasaba y tenía la mala fortuna de encontrarse con Tony, el hijo de Kamel, en los pasillos o en su despacho, el joven empresario la miraba “con asco”. El trato racista era igual para todas las mujeres indígenas que ahí laboraban.

Margarita tuvo que soportar eso porque en la maquiladora le permitía ganar 750 pesos quincenales, “un buen sueldo”, que difícilmente podría superar como empleada doméstica en una casa de los coletos.

Desde el cierre de Spintex la mujer no sabe cómo sobrevivir, porque los cuatro mil pesos de su indemnización se han acabado en la manutención de sus tres hijos y su esposo que no tiene trabajo. La renta de la casa le consumió sus recursos. Ahora busca que el gobierno le dé becas para sus hijos.

Atraída por los anuncios de la televisión estatal, donde se promocionaba la maquiladora “Spintex”, Margarita Gómez Sántiz, indígena tzeltal de 41 años, llegó a pedir trabajo en la empresa de Kamel Nacif.

Gómez Sántiz es una de los 300 empleados con que contaba la empresa, donde se confeccionaban playeras por las cuales Nacif ganaba 500 veces más de lo que invertía.

Originaria de la comunidad tzeltal de Buena Vista, en Ocosingo, Gómez Sántiz recuerda el comercial que vio en la televisión, que para ella se convirtió en una ilusión, y luego espejismo laboral:

“En la televisión ponían a una mujer que decía que gracias a que trabajaba en la maquiladora, le permitía proveer de alimentos y bienestar a su familia, y yo quería eso para mi familia, por eso me vine de Ocosingo a San Cristóbal, y entré a la fábrica, era mi ilusión”.

A los pocos meses de haber entrado a la empresa, Margarita aprendió a coser suéteres y luego camisas que Nacif comercializaba en Estados Unidos. Esto le permitió a Margarita tener un salario de dos mil pesos mensuales, un 25 por ciento más de lo que podía ganar como afanadora o empleada doméstica en un hogar.

Todos los trabajadores salieron de vacaciones el 23 de diciembre, pero el lunes ocho de enero, cuando pretendieron entrar al centro laboral, los custodios les pidieron que volvieran hasta el miércoles. El jefe de personal les aseguró que no había llegado el cargamento de tela del estado de Puebla, por lo que no era conveniente que ingresaran a la maquiladora.

El miércoles 10 de enero, cuando ella y los demás compañeros llegaron con la intensión de reanudar labores, los encargados les expusieron que “se había acabado el trabajo”.

“Ese día ya no nos dejaron entrar; nos dijeron que se había acabado el trabajo”, narra la apesadumbra mujer que ahora empezará a buscar empleo por San Cristóbal.

Por los cuatro años que laboró con el empresario Kamel Nacif, sólo le entregaron una liquidación de cuatro mil pesos, insuficientes para sobrevivir con sus tres hijos, mientras encuentra un nuevo empleo.

Pero no todos los 300 trabajadores recibieron su liquidación conforme a la ley. Hay al menos tres empleados que no les entregaron sus recursos porque estaban ausentes el día que se realizaron los trámites. Ahora esas tres mujeres no tienen cómo ni a quién reclamarle, porque el administrador, Fernando Santiago Robles, les quitó a todos los empleados las identificaciones con las que les permitía la entrada a la fábrica y entonces no tiene “cómo comprobar que eran trabajadoras de la empresa”.

A los 15 días del cierre de la maquiladora, las ventanas del edificio fueron cubiertas con plásticos negros, pero aun así se puede observar que prácticamente ya no hay ni un solo aparato en el edificio.

Según Santiago Robles, a las 18:00 horas del diez de enero, fue notificado por los gerentes de la maquiladora que se cerraría porque Kamel Nacif, “estaba en la quiebra” y ya no contaba con los 700 mil pesos para pagar la nómina de los 300 empleados.

La empresa tenía previsto elaborar suéteres de “primera calidad”, pero luego sólo fueron camisas de la marca Tommy Hilfiger las que se hacían para venderlas en las tiendas Sears, Targer, Wal Mart, y J.C Penny, de los Estados Unidos.

Desde el 2004, Fernando Santiago Robles fue el apoderado de pleitos y cobranzas de “Spintex”, pero hace diez días él y los 300 empleados sólo recibieron una liquidación de mil pesos por cada año de trabajo.

Habla de los argumentos que ofreció la gente cercana a Nacif cuando anunciaron el cierra de la empresa, de que la presencia de la empresa era incosteable para él, “por motivo que la materia prima la traían de Puebla”.

En San Cristóbal es donde los 300 trabajadores realizaban los primeros procedimientos, para enviar las prendas a Puebla, donde eran terminadas para llevarlas al extranjero.

“Nos informaron que la empresa se iba a montar de nuevo en esa entidad, porque ahí es más rentable”, explica. Al cerrar la planta, un abogado llegado de Puebla, del que los trabajadores nunca supieron su nombre, fue el encargado de liquidar a los trabajadores con mil pesos por año; se les informó que eran “conforme a los recursos económicos que manejaba la empresa”.

Sin embargo, el líder sindical Antonio Mendoza de la Confederación Regional Obrera Mexicana, considera que la liquidación no fue de acuerdo con la Ley, pero ahora “ya nada se pueda hacer”, porque los trabajadores firmaron de conformidad.

Cuando Mendoza llegó a la maquiladora, todas las mujeres ya tenían el dinero en la mano y ninguna de ella “había protestado” por la cantidad que recibieron.

Por su parte, diputados locales y federales del Partido de la Revolución Democrática (PRD) han manifestado que buscarán ayudar a los indígenas que Nacif dejó sin empleo, pese a los recursos que recibió del gobierno federal.

Por su parte, la diputada Elizabeth Escobedo Morales, del PRD, exige que la Secretaría de Trabajo y Previsión Social reabra este caso y lo revise, para que además, los ex empelados de Spintex tengan una nueva opción laboral.

En noviembre del 2002, Salazar Mendiguchía presumió que “Spintex S.A. de C.V.” había elaborado más de 30 mil suéteres y 57 mil playeras, que representaban un volumen de 11 toneladas de ropa, en el que habían trabajado hombres y mujeres chiapanecos, en su mayoría indígenas. (Fredy Martín Pérez)

 

 

Publicado: Año 3 / Marzo 2007 / Número 27



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